Aunque parezca una obviedad, un juguete debe ser, antes que nada, juguete. Es decir, que el niño juegue con él y no al revés. Un juguete debe fomentar la creatividad, la fantasía y la imaginación, además de permitir a los pequeños desarrollar sus habilidades físicas y psíquicas.
Lo importante que hay que tener en cuenta es que el niño madura jugando. Incluso es el juego el que va a ir dictándole su grado de maduración. Al principio, jugará delante de su madre. Cuanto más lejos vaya jugando, más independencia va cogiendo.Y hay que insistir: juguete es todo. O, mejor: puede ser todo. Desde un pensamiento a una cosa. Y no olvidemos que todo aquello que deje rienda suelta a la fantasía y que alimente la creatividad del niño,será siempre un buen juguete. Es la primera definición: para el niño, jugar es vivir.

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